fbpx
Consejos e Información

ALIMENTACIÓN Y SISTEMA INMUNE

Nuestro sistema inmunológico nos protege de las bacterias, los virus y otros organismos patógenos.

Se trata de un sistema de defensa complejo y eficaz.

¿Influye nuestra alimentación en el sistema inmunológico?

Rotundamente, sí.

El sistema inmunológico constituye la protección o defensa contra las enfermedades. Dada su complejidad, resulta muy difícil evaluar los efectos de la dieta en este sistema. Sin embargo, los resultados de diversas investigaciones han permitido identificar algunos factores alimenticios que afectan a la respuesta inmunológica de nuestro organismo.

Lo cierto es que nuestra salud está condicionada directamente por nuestra alimentación.

Así, la diabetes de tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y 7 de cada 10 muertes por cáncer podrían evitarse con un estilo de vida saludable, buena alimentación, deshabituación tabáquica práctica correcta de ejercicio físico.

Nuestra alimentación debería ser variada y equilibrada, muy rica en alimentos de origen vegetal: fruta, verduras, hortalizas, cereales, preferiblemente integrales, legumbres y frutos secos. Los lácteos (preferentemente reducidos en grasa) se deben aportar en un mínimo de dos raciones diarias a nuestra dieta.

La proteína debe aportarse, preferiblemente, a través de carnes blancas, como el pollo, el pavo, y también pescados, tanto azules como blancos, y legumbres.

Las carnes rojas y los embutidos, por su aporte de grasas, deben consumirse con menor frecuencia.

Una alimentación mal equilibrada tiene una influencia negativa en la actividad inmunológica.

“El mantenimiento del sistema inmunológico requiere un consumo constante de todas las vitaminas y minerales necesarios”.

Las personas mal alimentadas presentan un mayor riesgo de contraer infecciones.

Los regímenes de adelgazamiento de menos de 1.200 kcal al día también pueden hacer disminuir la función inmunológica, lo que constituye una buena razón para evitar las poco saludables “dietas milagrosas”.

Del mismo modo, el aporte excesivo de calorías también puede afectar a la capacidad del sistema inmunológico de combatir las infecciones. La obesidad está ligada a una mayor incidencia de enfermedades infecciosas.

Además, las personas obesas son más propensas a desarrollar enfermedades cardiacas coronarias, las cuales están relacionadas con alteraciones de la función inmunológica.

La reducción de las grasas en la dieta es importante para el control del peso, pero también influye en el funcionamiento del sistema inmunológico. Si se reduce el contenido de grasa en la dieta, la actividad inmunológica aumenta.

De esta forma, además de prevenir las infecciones, se podría fortalecer el tipo de células inmunológicas que combaten las células tumorales. No obstante, no es sólo una cuestión de cantidad, también es importante la procedencia de las grasas.

Es necesario incluir en nuestra dieta pescado azul, frutos secos, soja o aceite de linaza, para asegurar un aporte equilibrado de diferentes ácidos grasos.

El consumo regular de productos lácteos fermentados como el yogur o el kefir puede aumentar las defensas inmunológicas intestinales. Algunos estudios recientes sugieren que el yogur elaborado con ciertas bacterias, bacterias probióticas, puede tener un efecto beneficioso en el sistema inmunológico.

Además de los aspectos alimentarios, hay una serie de medidas higiénico alimentarias cuya influencia en la salud inmunitaria se ha podido contrastar científicamente, como, por ejemplo, la práctica de ejercicio físico moderado.

Asimismo, se ha comprobado que aquellas personas que trabajan los músculos de manera excesiva tienen niveles de cinc más bajos, lo que les puede causar fatiga e incluso depresión.

Si nos centramos en un grupo determinado de edad, en el caso de la infancia concretamente, el deporte resulta beneficioso para su desarrollo integral pero los excesos en los entrenamientos pueden ser muy perjudiciales a edades tempranas.

En general, podemos decir que se ha comprobado que la actividad física practicada con moderación y regularidad estimula un correcto funcionamiento del sistema inmunitario.

Por ello, se recomienda realizar de forma regular actividad física de intensidad moderada (caminar a paso ligero, natación, bicicleta, etc.).

Para favorecer el correcto funcionamiento de las defensas también es imprescindible dormir un número de horas suficiente y evitar el estrés.

CONCLUSIONES

Se requiere un estado nutricional adecuado para que se establezca una respuesta inmune adecuada; de acuerdo con ello, la terapia nutricional es una medicación complementaria que combate las enfermedades a través de dietas especiales con amplia variedad de productos para contribuir a funciones metabólicas específicas. Más que nutrirse de ciertos alimentos es mejor comer de todo, porque mejora nuestras defensas y a su vez los nutrientes palean el estrés.

Join the conversation

Buscar www.william-shakes.com